
Semana Santa:
Domingo de Ramos
Jueves Santo
Viernes Santo
"Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en Él está nuestra salvación, vida y resurrección. Él nos ha salvado y libertado" (Cf. Ga 6, 14)
Guerrico de Igny
Sermón 2 en el Domingo de Ramos
Pienso que si hoy viniese a nosotros San Pablo, nuestro doctor en la fe y en la verdad, diría que no quería conocer otra cosa que a Jesucristo, y a éste crucificado. Pues en estos días, en los que se celebra solemnemente el aniversario de la Pasión y de la Cruz del Señor, me parece que nada se puede predicar más apropiadamente que a Jesucristo, y a éste crucificado. Incluso en otros días, ¿se puede predicar algo más cierto, se puede oír algo más saludable. o pensar algo más provechoso? ¿Existe algo tan piadoso para el sentimiento de los fieles, tan sano para su vida? ¿Qué hay que destruya tanto el pecado, crucifique los vicios, nutra y robustezca la virtud, como el recuerdo del crucificado? Que hable, por tanto, Pablo entre los perfectos de la sabiduría escondida en el misterio. A mí, a quien los ojos de los hombres me ven aún imperfecto, que me hable de Cristo crucificado, necedad ciertamente para los que se pierden, pero para mí y para los que se salvan, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Para mí es la filosofía más alta y más valiosa, por la que me río de la necia sabiduría del mundo y de la carne.
"Gracias, Señor Jesús, a tu cruz y a tus clavos veo traspasadas las fauces de aquel dragón, para que pasen libres los que habían sido tragados. Y aquél que estaba seguro de haberse tragado el Jordán por su boca se irrita bramando de cólera por haber perdido en gran parte el río que se había tragado. De aquellas fauces han venido a nosotros éstos que hoy cantan con nosotros el noble y magnífico triunfo de la cruz. Verdaderamente han sido liberados de las fauces del león, y hasta han vuelto del seno del infierno".
Sermón 4 en el Domingo de Ramos
¡Bendito el que , para poder hacer el nido en los agujeros de la piedra, soportó que le perforaran las manos, los pies y el costado, y se me abrió totalmente para que entre en el lugar del tabernáculo admirable y me proteja en lo oculto de su tabernáculo. Ciertamente esta piedra es un refugio propicio para los erizos, pero cobijo también para las palomas, pues sus agujeros, abiertos, por casi todo el cuerpo con tantas heridas, ofrecen perdón para los reos y dan gracia a los justos. Aún más, queridos hermanos, es una morada segura y una torre inexpugnable ante el enemigo, detenerse con una piadosa y frecuente meditación en las llagas de Cristo, el Señor, y guardar el alma, en la fe y el amor del Crucificado, del incendio de la carne, de las tempestades del mundo y de las asechanzas del diablo.
¡Métete, pues, en la piedra, oh hombre! ¡Guárdate en la cavidad! ¡Ponte en el escondrijo del Crucificado! Él es la piedra, Él es la tierra, el Dios y hombre. Él es la piedra agujereada, el hoyo en la tierra, pues dice: "taladraron mis manos y mis pies". Refúgiate en la cavidad de la tierra ante el temor del Señor, es decir, huye de Él a Él, del Juez al Redentor, del tribunal a la Cruz, del Justo al Misericordioso. Es más no solo debes refugiarte junto a Él sino en Él, entra en el agujero de la piedra, escóndete en la cavidad de la tierra, en las mismas manos traspasadas, guárdate en el pecho abierto.
Allí estarás bien guardado hasta que desaparezca la iniquidad; allí no sentirás frío, porque en las entrañas de Cristo no se enfría la caridad; allí te sentirás inundado de delicias; allí te desbordará el gozo, al menos cuando tu condición mortal y la de todos los miembros de su Cuerpo sea absorbida por la vida de la Cabeza
"He aquí, Señor, tu rostro vuelto a nosotros; y nuestro rostro a ti, colmado de una dulce esperanza. Revísteme con esta tu salvación. Forma en mi ese rostro de tu Cristo, porque es imposible que lo rechaces cuantas veces comparezca delante de ti en tu santuario" (Guillermo de Saint Thierry)