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Nuestra comunidad hoy
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ctualmente, la comunidad está formada por 30 hermanas, que viven en el recinto del monasterio buscando a Dios con sencillez, en la escucha de la Palabra, en oración personal y litúrgica y en el trabajo manual, y todo ello en un marco de soledad y silencio propio de la vida monástica. |
Viven del trabajo de sus manos. Disponen de una hospedería que ofrece el ambiente propicio para la oración y el encuentro con Dios.
Nuestra jornada está formada por tres pilares fundamentales: Lectio divina, Oración litúrgica, y trabajo manual. |
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Este es, esquemáticamente, el horario de nuestra jornada:
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4,30 |
Levantarse |
10,00 |
Tercia- trabajo manual |
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5,00 |
Vigilias– Oración personal |
13.00 |
Sexta-Ángelus-comida |
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7,00 |
Laudes-Eucaristía |
15,15 |
Nona-trabajo |
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Los Domingos la Eucaristía es a las 11 |
17,15 |
Tiempo libre |
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8,30 |
Desayuno |
18,30 |
Vísperas-Oración personal- cena |
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9,15 |
Lectio Divina |
20,15 |
Reunión comunitaria |
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20,45 |
Completas-Salve |
1.
Lectio Divina
Lectio divina significa lectura orante de la Palabra de Dios. Desde tiempos antiguos, la Biblia ha sido por excelencia el Libro de los monjes, que hacían de la escucha y meditación de la Palabra la norma de su vida y la fuente de su oración. Por eso, la experiencia monástica cristiana ha tenido siempre en la escucha y meditación de la Palabra uno de sus principales pilares.
Cuatro son los momentos de la Lectio: Lectura, meditación, oración y contemplación.
El amor engendrado por la gracia, se nutre en la lectura, se alimenta en la meditación, se fortalece e ilumina en la oración (Carta de Oro de Guillermo de Saint Thierry). ¿Rezas? Hablas al Esposo. ¿Lees?
Él te habla. (S. Agustín, carta 22,25). Las monjas se consagran a la Palabra que nutre y diviniza el ánimo.
“Vosotros sois, los que habitáis en los jardines, los que día y noche meditáis la ley del Señor. Cuantos libros leéis, otros tantos jardines recorréis; cuantas máximas elegís, otros tantos frutos recogéis. Escrutad, pues, las Escrituras. No sin verdad pensáis tener la vida en ellas, vosotros que no buscáis en ellas sino a Cristo, del cual dan testimonio las Escrituras. Así habiendo gustado el sabor del maná escondido, prorrumpís en aquellas palabras de David: ¡Qué dulce tu palabra a mi paladar, más que la miel y el panal a mi boca! (Guerrico de Igny, sermón 54)
Aunque la Palabra de Dios se puede leer y escuchar de muy diversos modos, la comunidad tiene un tiempo de su jornada especialmente dedicado a ella, de nueve a diez de la mañana, en la sala de lectura que en nuestra Orden llamamos “escritorio”, donde está también la biblioteca, sencilla pero bien provista.
2. Oración liturgica
Oración personal: A lo largo de la jornada hay también tiempos de oración silenciosa ante el Señor. Son los momentos fuertes de encuentro personal con Cristo que, con la lectio divina alimentan la oración continua, finalidad de la vocación monástica; en ella se va purificando el corazón para alcanzar una presencia de Dios constante.
Como Jesús, que pasaba noches enteras en oración, sólo ante la faz del Padre.
3. Trabajo manual
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El trabajo, sobre todo el manual, ofrece a la monja la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración; imita a Jesús que vivió del trabajo de sus manos; goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense (C. 26).
La
monja vive del trabajo de sus manos: “Entonces
serán verdaderos monjes si vivieren del trabajo
de sus manos” (R. 48,7-8.
El
trabajo manual se desarrolla en distintas
actividades: trabajo en el campo,
encuadernación, labores domésticas etc. según
las posibilidades de cada hermana; incluso las
hermanas más mayores están en activo sintiéndose
útiles al poder prestar su colaboración.
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Y como colofón de la jornada, la comunidad rinde homenaje filial a la Reina del Cister, con el canto de la Salve, salutación, gratitud y súplica, plasmadas en melodía secular. De no haber existido esta pieza hubiera sido preciso crearla para cantar así a María. Todo el ser de la monja vibra cuando pide a la Madre que nos muestre a su Hijo en las suaves notas del “OSTENDE
Descanso:
Las hermanas descansan en la paz, tratando de
llevar también hasta su sueño nocturno el
recuerdo de Dios:
“Cuando vayas a dormir, lleva en tu memoria o en el pensamiento algo en lo que duermas plácidamente, y que incluso favorezca tu sueño, una invocación, una súplica, un pasaje de la Escritura... De este modo, la noche será para ti luminosa como el día, y esa noche será luz en tus delicias”. (Carta de Oro).
Despertar: El buen pensamiento sobre el que se ha dormido, volverá a la mente. Así dice San Benito en su Regla: “... abiertos los ojos a la luz deífica escuchemos atónitos lo que cada día nos advierte la voz del Señor que clama: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón...” (Regla, Prólogo) “Desde que te levantas, derrama tu corazón como el agua en presencia del Señor (Lm 2,19).
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Refectorio de la comunidad |
Sala Capitular |
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