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Lo primero y principal es sentirse
llamada por Dios a ella. Esta llamada puede
manifestarse de formas diferentes pero en el
fondo siempre es un encuentro personal e
interior con Jesucristo, amado sobre todas las
cosas y al que no se quiere anteponer nada.
Un
segundo paso es la decisión de responder a esa
llamada. A la iniciativa de Dios sigue la
disponibilidad total .
El
tercer paso sería ponerse en contacto con el
monasterio, una carta, una llamada telefónica,
etc.; pasar unos días en la hospedería
reflexionando en la oración y silencio,
acudiendo a los actos de la comunidad; hablar
con una Hna. que puede dar una información más
concreta sobre la vida que se sigue en
comunidad.
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